La industria de videojuegos española no existe

Necesito sacarme esto de dentro, así que allá vamos.

En primer lugar, Skara ha sido el trabajo de mi vida. Presente, pasada y, mucho me temo, futura. Porque no creo que vuelva a trabajar en videojuegos y si lo hago no será en un proyecto donde el equipo tenga la última palabra creativamente hablando. Porque además de haber montado la infraestructura de KPI y de integración continua hay inputs creativos míos en ese juego, modificaciones que se llevaron a cabo en base a mi feedback. Pero no sólo el mío, el de otros también, todos teníamos voz y voto en ese juego. Un proyecto como este es dificilísimo de encontrar.

Es tan difícil de encontrar que la única forma de hacerlo es montándolo tú mismo. Eso significa que el punto principal de mi entrada se deduce de esa afirmación. Cuando digo que no hay industria del videojuego en España lo digo porque al buscar trabajo he mirado el sitio en el que debería estar y no he encontrado nada. De ahí mi certeza de no volver a trabajar nunca de esto; no porque no quiera, sino porque no hay dónde.

Industria significa que se piden más perfiles de programador además del de gameplay y de motor porque tu juego es más complejo, ambicioso y tiene más recorrido que un plataformas retail (y que nadie se tome esto como una falta de respeto a los juegos poco ambiciosos que nos conocemos). Que un backend programmer con un año y medio de experiencia demostrable en un juego ya publicado encuentre sólo TRES ofertas de lo suyo en Barcelona, la segunda ciudad española en número de estudios de videojuegos, significa que no hay industria, lo que hay son estudios. Industria es necesitar perfiles especializados, no un programador todoterreno que lo mismo te programa un sistema de matchmaking que te retoca una skeletal mesh. Eso no es industria, es el timo que ahora llaman full stack developer y que consiste en enmarronar a alguien para que haga el trabajo de tres personas cobrando el sueldo de una.

Industria es que existan más empresas grandes (de más de cincuenta empleados, por decir algo, y con una mentalidad y forma de trabajo empresarial) de las que se puedan contar con los dedos de una mano. Industria es que se pueda absorber el volumen de licenciados y trabajadores con experiencia tanto en programación como en arte o en diseño. Es absolutamente irresponsable subvencionar y dar ayudas a estudios especializados en videojuegos y que en cuanto cruces la puerta del centro estés vendido porque la administración que ha promovido esos mismos estudios se desentiende del sector cuando hay que pasar de la academia al trabajo. Las ayudas y promociones al estudio especializado están bien per se, son algo positivo y que debe valorarse, pero son sólo una pieza de la máquina y sin el resto no sirve para nada por sí misma.

Industria es que un gobierno entienda de qué va el rollo. Que no llame “nuevas tecnologías” a una cosa que lleva treinta años en las casas de la gente, que abandone los años ochenta psicológicos en los que se ha atascado y entienda que la tecnología de entretenimiento no son “los marcianitos“. Llevamos un microordenador con conexión a Internet en el puto bolsillo del pantalón, un trasto que tiene instaladas aplicaciones que generan cientos de millones de dólares de beneficio al año, ya es hora de comportarnos como si la tecnología fuese la parte fundamental de nuestras vidas que lleva siendo desde hace más de diez años.

Industria es también que se expongan los defectos de un juego. Que no se dé por bueno simplemente por ser español y se le aplique una crítica coherente, constructiva y desde el punto de vista de un producto cultural. Porque luego salimos al extranjero y nos dan de hostias en las reseñas por culpa de la autocomplacencia. Y encima nuestra reacción es cerrar filas y meter la cabeza bajo tierra.

Industria es, hablando de eso, inversión extranjera. Capital extranjero. Y eso sólo se consigue si empezamos a hacer juegos ambiciosos por un lado y si se favorece e impulsa la creación de puestos de trabajo por el otro, pero lo primero no puede existir sin lo segundo. Ningún inversor estadounidense va a soltar un duro si nuestro propio gobierno o nuestros propios inversores son tan tecnófobos, cortoplacistas y cortos de miras que son incapaces de invertir en crear tejido industrial en un sector de rentabilidad más que demostrada. Nadie quiere una Indra o una Everis del desarrollo de videojuegos, pero alguien tiene que empezar a poner pasta en serio.

Industria es que haya trabajo de algo en más de tres ciudades. Fuera de Madrid y Barcelona existen dos, tal vez tres capitales más, y el resto es un desierto radiactivo poblado por bandas de forajidos mutantes. No hay desarrollo de videojuegos en ningún otro sitio y no me sale de los cojones irme a EEUU o a UK a trabajar de esto porque ya estoy harto de dar tumbos por la vida, que ya tengo una edad, y porque ya me fui de un sitio porque no había trabajo de lo mío como para irme de otro exactamente por el mismo motivo. Mi vida no la decide mi trabajo. Además soy enfermo crónico y necesito un seguimiento, lo que complica, y en el caso de EEUU casi imposibilita, que pueda encontrar tratamiento médico asequible.

Industria es que se tengan en cuenta las necesidades de la gente. De los que tenemos una enfermedad crónica, de la gente con diversidad funcional, de los neurodivergentes, de mujeres (que siguen siendo un porcentaje ínfimo del total), personas LGBTQ+ y demás segmentos de población sin apenas representación o con problemas de adaptación. Necesitamos facilitar la entrada en este negocio a gente que no puede comerse una hora de commuting en bus o subir seis plantas en un ascensor, gente que tiene necesidades especiales en cuanto al entorno de trabajo, gente que no puede hacer crunch porque su salud no se lo permite o que necesita trabajar desde casa. Gente que tiene derecho a trabajar, que quiere trabajar de esto, personas cuya creatividad, talento y esfuerzo son necesarios y que no puede hacerlo porque seguimos trabajando como si estuviésemos en pleno desarrollismo. Personas para las que hay que abrir y modificar los espacios de trabajo para ganar todos.

Industria es lo que hay en EEUU, donde cierra Irrational y la mitad de la gente consigue trabajo al día siguiente (la otra mitad lo consiguió en unas jornadas que montó la propia empresa). Donde puedes trabajar de contractor para Bioware desde la otra punta del país (¡Teletrabajo! Eso es PUTO ANATEMA en España, si no estás ocho horas en la oficina es que eres un vago), donde hay docenas de empresas para elegir y donde sí, vivir en San Francisco es carísimo, pero no es necesario porque tienes a los inversores y a los publishers en el mismo país, tienes un millón de ferias (incluyendo el E3 y las PAX) a las que ir para promocionarte, tienes una oportunidad de networking única y, sobre todo, tienes una cultura de desarrollo de videojuegos que se remonta casi cuarenta años.

En España la industria está donde estaba en EEUU a mediados de los 80: sin un duro de inversión (en su caso porque se estaban recuperando de un crash) y con todo el tejido formado a base de estudios pequeños y sólo dos o tres gigantes. La gran diferencia es que entonces podías desarrollar un juego competitivo en doce meses con un equipo de diez personas (y no me invento nada, eh, que esas son las cifras exactas del primer Doom) y hoy en día en ese tiempo y con esa gente no consigues crear un equivalente creativo y tecnológico a un juego mainstream de la época. La escala de los proyectos ha aumentado y los recursos necesarios para lanzar al mercado un juego con una envergadura similar a la del Doom en su momento se han multiplicado en consecuencia. En id comieron pizza y bebieron Coca-Cola durante un año y vendieron el juego enviando diskettes por correo. Eso hoy en día es impensable y esa visión romántica del héroe del desarrollo de videojuegos que trabaja en su casa como algo deseable debería desterrarse para siempre porque no contribuye para nada a crear industria. Me parece genial que tú lo hagas así, de verdad, y te deseo toda la suerte del mundo, pero otros queremos trabajar ocho horas en una oficina con un contrato.

Industria también es, aparte de absorber la cantidad de trabajadores que hay y que quieren entrar, favorecer algo más que los juegos de móvil ultrarrentables, los indies de budget pequeño y unicornios como Tequila, que han obrado el milagro y van a sacar Rime en consolas con portadas en la Edge y repercusión internacional. Industria es que una empresa como Vodafone o un banco como el Santander decidan invertir una cantidad anual en desarrollo de videojuegos. Que publishers gordos como EA, Activision o 2K abran estudios de desarrollo en España como los abren en el resto de Europa o como los tiene abiertos Ubisoft en Sant Cugat o King en Barcelona. Porque talento hay a patadas. Más que a patadas: podríamos exportarlo. De hecho, outsourceamos bastante. Si hay anuncios del FIFA en las bandas de la final de la Champions, ¿por qué no los puede haber de Rime antes de una película de Pixar o de Skara antes de una de Marvel? Sencillamente porque ninguno de los dos tiene dinero suficiente para hacerlo, no porque no se pueda hacer. Ya os digo yo que en Skara nos dejábamos cortar una pierna con tal de poner el trailer de la alpha antes de Thor: Ragnarok. Bueno, si acaso la pierna del jefe, que así tendría excusa para currar desde casa y cuidar a la niña.

Lo que falta es puto dinero. Y al final del día, después de las ferias, los streamings, la diversión de probar un mapa nuevo o de hacer un brainstorming y la satisfacción de ver que tu juego gusta a la gente, un estudio de videojuegos es una empresa que tiene que pagar nóminas, seguridad social y suministros. Esa, y no otra, es la verdad desnuda.

Hasta que no fluya la pasta, y se entienda que al principio va a ser a fondo perdido como en cualquier sector emergente (Twitter sigue sin dar beneficios y va para diez años ya), no va a haber industria. Es así de sencillo. Por muchas motos que quiera vender el dichoso libro blanco.

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3 pensamientos en “La industria de videojuegos española no existe

  1. Edu Alonso dice:

    Enhorabuena por el artículo, ya se ha hablado mucho sobre el tema y se han escrito unos cuantos artículos, pero ninguno tan claro y con tanto conocimiento de causa como este, estoy completamente de acuerdo.

  2. Miguel Vallés dice:

    Sí, está la cosa muy jodida. Y, efectivamente, el triunfalismo y la autocomplacencia de los que se hace gala desde AEVI y demás parafernalia circundante al Libro Blanco de todos los años no ayuda a nadie. Desde luego, a los que llevamos ya un lustro de nuestras vidas muriendo poco a poco para conseguir hacer un videojuego, no.

    Ánimo con todo.

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